Práctica Terapéutica 

 

Considero apropiado empezar a cambiar a fondo las formas tradicionales de practicar la psicoterapia en pro de necesidades más reales del ser humano actual. En este momento, la relevancia de un nuevo abordaje en el “quehacer” psicológico se convierte en algo crucial. Por esta razón practico una nueva psicología que apunta al aumento del nivel de comprensión, y a la expansión de la conciencia que el mundo requiere ahora. Para ello en mi práctica como psicóloga también pongo a disposición del consultante herramientas como: las constelaciones familiares, la liberación de la memoria celular, la metagenealogía, la terapia EMDR para traumas y fobias, entre otras cosas. 

Nuestros paradigmas mentales determinan la definición de lo que es posible para nosotros; lo que podemos ver, sentir, pensar y hacer. Considero que como humanidad ya estamos listos para aceptar nuevos paradigmas que nos permitan pasar de “humanos” a “seres humanos”, donde la dimensión del SER cobre vida. Las intervenciones terapéuticas se potencializan ampliamente al ser contextualizarlas con lo que implica ser un “Nuevo Humano”, y a la luz de esto trabajo.

Existe una cognoscibilidad sin raciocinio, y para ello necesitamos abrirnos también a las formas “no racionales del saber”, para dejar de estar fragmentados y poder tener acceso a lo que realmente somos: SERES INTEGRALES (mente-cuerpo-espíritu), con la capacidad incluso de auto-sanarnos.

En mi práctica considero primordial empezar a asumirnos en totalidad. Cuando empiezo a asumir mis pensamientos, sentimientos, emociones, decisiones; cuando asumo mi cuerpo físico y energético; mi luz y mi sombra; accedo a una verdadera conciencia de mí y tomo responsabilidad de mi vida. Esta toma de responsabilidad conlleva un empoderamiento profundo, porque dejo de representar el papel de la víctima en el escenario de la vida. No asumir y buscar culpables de lo que me ha sucedido o sucede, bloquea y entorpece los procesos; no se trata de que moralmente no esté bien, es que resulta francamente ineficiente a la hora de obtener resultados satisfactorios en mi vida. LO PRIMERO ES: EMPIEZO POR MÍ.

Cuando creo que el universo no es un accidente basado en procesos aleatorios, y comprendo que yo formo parte de un gran sistema y que tengo responsabilidad activa dentro de él, empiezo a estar apt@ para transformar mi realidad (llámese problemas de salud, emocionales, relacionales, laborales, económicos).

Ningún motivo de consulta es igual al de otro, puesto que somos únicos. No hay ni teorías, ni recetas que apliquen en todos los casos. Cada proceso psicoterapéutico se despliega de forma muy original y personal, y teniendo eso en cuenta apoyo al consultantemutilizando los recursos que considere necesarios en cada sesión. Es como el sastre que hace trajes a la medida, la misma chaqueta no se ajusta a todos, cada uno tiene su talla.

Y para hacer un trabajo auténtico e integral con nosotros mismos, hay que incluir nuestro cuerpo en el proceso. Hemos querido negarlo cuando en realidad es pieza clave. No podremos ser verdaderamente completos y sentirnos plenos, si no lo integramos. El cuerpo físico es fundamental, es el instrumento para experimentar la conciencia, y tiene escrita nuestra historia.

La buena noticia es que el cuerpo sabe cómo auto-sanarse de forma natural, tiene todos los recursos para hacerlo. Nuestro hipotálamo es la farmacia más eficiente y completa que hay. ¡Se autoabastece sola si se lo permitimos!

¿Qué pasó entonces? Al desconectarnos de quienes somos en realidad, saboteamos nuestra relación con el cuerpo. Nos fragmentamos tanto que creemos que está separado de nosotros, y así no podemos oír sus mensajes.

No se trata entonces de pensar que solo somos cuerpo físico y sobre-identificarnos con lo corporal (esa es solo otra variación del problema), en realidad se trata de asumirnos como seres integrales. Con un vehículo físico, inteligente, perfecto y consciente, que nos permite como seres espirituales vivir una experiencia humana. Sin el cuerpo no podríamos hacerlo. Se trata entonces de restablecer la conexión entre la conciencia y el cuerpo, un verdadero “cuerpo de conciencia”.

A lo largo de la historia, por motivos religiosos y de control del poder, los seres humanos fuimos coartando nuestra capacidad natural de contactarnos con nuestro cuerpo y sentir sus mensajes. Nos desconectamos de nosotros mismos, nos fraccionamos, dejamos de sentirnos. Y es que si no voy al cuerpo, si no siento… ¡no sabré de mí!

Hemos llegado al extremo de tener como lema humano, el cartesiano “pienso luego existo”, cuando en realidad nuestro diseño original es sentir, no pensar; pero sentir con un cuerpo consciente, dotado de una inteligencia amorosa y despierta.

Nos fuimos acostumbrando a usar el cuerpo como si fuera únicamente el medio para transportar nuestra cabeza y llevarla de aquí para allá.

La propuesta es acompañar al cuerpo a sentir a conciencia. Eso es sanador, transformador, produce una auténtica metamorfosis. Permitamos que el cuerpo haga lo que bien sabe hacer, que es sentir. Cuando sentimos conscientemente, dejamos de representar y comenzamos a vivir.

Al permitirnos nuevamente conectarnos con nuestro cuerpo, inevitablemente nos aventuramos a sentir. Y ser conscientes en el sentir, es cruzar la frontera de nuestros límites. Es como decidir ser nuevamente ciudadanos del mundo, sin visas, sin fronteras que limiten una parte de mí con otra. Y en ese viaje alrededor de mi propio mundo, a veces transitaré tierras desérticas, inhóspitas, pero también habrá otras exuberantes llenas de riquezas.

Hay partes de nosotros que no queremos ver, que no queremos transitar, y mucho menos sentir. ¿Por qué? Porque sencillamente no sabemos qué hacer con el dolor que encontramos en ese tramo del camino, y al vernos imposibilitados para afrontarlo, vemos como única salida “olvidar”. “Olvidar” entre comillas, porque el cuerpo no olvida, tiene memoria, lo registra todo. Lo que reprimimos queda como energía atrapada, que como el agua estancada se pudre. Deja de ser cristalina y saludable, para volverse tóxica.

“Lo que niegas te somete lo que aceptas te transforma”. Carl Jung

La propuesta es poder transitar cada día más de nosotros mism@s a conciencia, lo que inevitablemente nos permite experimentarnos cada día más plenos y realizados.

Las consultas pueden ser tanto individuales como de pareja. Cada sesión tiene una duración de hora y media aproximadamente.

 


LIBERACIÓN AL SON DE UNA SESIÓN

 

“Con mi corazón meciéndose al ritmo de mi verdad,

acompaño a mi cuerpo en su danza.

A veces de dolor, a veces de plenitud y expansión.

Fusionándose al compás de la armonía de los opuestos, integrándolos.

 

Me permito sacar a bailar a los miedos,

que también está invitados.

Voy acompasándolos, para tomarles el ritmo.

Y entre melodía y melodía,

nos alineamos en la única danza posible…EL AMOR.”

 

Antonia Regalado G

 

LIBERTAD

 

“Con mi cuerpo entono la voz de mi alma.

Mi cuerpo albergando pasado, presente y futuro.

Sumergida y atenta en la magia de este instante,

que a su vez los contiene todos.

Liberando el dolor contraído en su estrecha prisión,

y transformándolo en una fuerza de vida expansiva y creadora.”

 

Antonia Regalado G

 

juliortizPRÁCTICA TERAPÉUTICA